El método que uso para no quemarme¶
7 minutos de lectura · 28 febrero 2026
El año 2022 me quemé. No fue dramático en lo externo —seguí yendo a trabajar, las reviews eran decentes, los proyectos salían— pero por dentro había un agotamiento que no se iba con vacaciones. Lo conté tarde, mal y a poca gente.
El burnout no es trabajar mucho. Es trabajar mucho sobre cosas que no te interesan, con poco control y sin ver el efecto.
Lo que sigue es lo que he construido desde entonces. No es una metodología. Son cuatro cosas que, juntas, han hecho que tres años después siga teniendo ganas de abrir el editor por la mañana.
1. Una hora intocable cada día¶
La primera hora del día es mía. No es para email, no es para reuniones, no es para "responder rápido a J.". Es para trabajar en lo más importante que tengo abierto.
Antes pensaba: "voy a aprovechar la primera hora despejada para limpiar la bandeja". Y luego nunca tenía tiempo para lo importante. Ahora la regla está al revés: si la primera hora no fue para algo que avance lo importante, el día ya no se recupera.
La hora exacta varía. Las cuatro reglas que la protegen no:
- Sin notificaciones de ningún tipo.
- Sin email ni Slack abierto.
- Sin reuniones agendadas que se la coman.
- Si la pierdo por una urgencia real, la recupero a la tarde, no la salto.
Suena rígido. En la práctica es lo único rígido del día. El resto puede ser caótico.
2. Una semana "sin reuniones" cada trimestre¶
Cuatro veces al año bloqueo cinco días seguidos en el calendario y no acepto ninguna reunión. La gente lo sabe con antelación y lo planeamos.
Esa semana hago una sola cosa. La que llevo meses queriendo hacer y nunca tengo profundidad para. Refactor grande, escritura larga, aprendizaje serio. Cosas que requieren 80 horas de atención continuada y que en una semana normal mueren por mil cortes.
El efecto secundario más valioso: la semana sirve como recordatorio de cuánto puedo producir cuando no estoy fragmentado. Eso me da la energía para defender la primera hora durante el siguiente trimestre.
3. Cosas que hago fuera del ordenador¶
Esto es lo que más tarde aprendí. Durante años trabajé con la noción ingenua de que "el descanso es no trabajar". Y descansaba no trabajando. Resultado: descansaba mal.
Lo que descansa de verdad es hacer algo que requiera atención pero no en pantalla:
- Correr (mínimo tres veces por semana, hora y media en total).
- Tocar piano, mal pero a diario.
- Cocinar despacio, sin podcast.
- Una caminata sin auriculares.
No son hobbies. Son la otra mitad del trabajo. Sin ellas, las ocho horas frente al editor no rinden.
4. Decir "no" más temprano¶
En 2022 lo que me quemó fue acumular compromisos pequeños que cada uno parecía gestionable y que sumados eran imposibles. Cuando me daba cuenta, ya estaba dentro.
Ahora tengo una regla: antes de aceptar nada nuevo, identifico qué deja de hacerse. No mentalmente. Por escrito.
Si no sé qué deja de hacerse, no tengo capacidad real para lo nuevo, solo el optimismo de creer que sí. Decir "no" en este caso no es defensivo, es honesto.
La versión literal que uso:
"Puedo hacerlo, pero significaría posponer X dos semanas. ¿Es ese el trade-off que quieres?"
El 60% de las veces, quien me lo pedía no había hecho ese cálculo y replantea. El 40% sí, y entonces lo asumo con los ojos abiertos.
Lo que sigue sin estar resuelto¶
Tres cosas que siguen costándome:
- Los proyectos sin final claro. No tengo método. Mi instinto sigue siendo "darle más", incluso cuando el proyecto se ha vuelto un agujero.
- La culpa por descansar bien. Sigue ahí, aunque mucho más callada que en 2022.
- Reconocer las señales pronto. Vuelvo a leer mis notas de hace tres años y veo que las señales estaban anotadas. Las leía pero no actuaba.
Para esas tres no tengo todavía un método. Sigo con la sospecha de que cuando lo tenga, será también aburrido y obvio, como los cuatro de arriba.
Próxima entrada
La semana trimestral sin reuniones requiere infraestructura social que tarda en cuajar. En la siguiente cuento cómo conseguí que el equipo la aceptara sin sentirla como abandono.
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